Tendencias que despedimos en septiembre (y las que llegan para sustituirlas)
Septiembre siempre tiene algo de nuevo comienzo. Cambiamos rutinas, recuperamos proyectos y, casi sin darnos cuenta, también empezamos a mirar nuestra casa de otra manera. Apetece hacerla más acogedora, introducir algún cambio y preparar los espacios para los meses que vienen. Del mismo modo, el interiorismo también cambia de estación.
Este 2026 nos está dejando una evolución especialmente interesante. Hay tendencias que empiezan a perder fuerza mientras otras llegan para ocupar su lugar. No significa que de un día para otro algo pase a estar “pasado de moda”, sino que nuestra forma de entender los espacios está cambiando.
¿La tendencia que parece unirlo todo? Casas menos perfectas, pero mucho más personales.
Estas son algunas de las tendencias de interiorismo que despedimos en septiembre y las que llegan para sustituirlas.
Adiós al blanco y al beige como única opción → Hola, colores con profundidad
Durante años, los interiores neutros han dominado paredes, mobiliario y textiles. Blanco, beige, crema, gris claro…Una fórmula luminosa y aparentemente infalible que terminó convirtiéndose casi en un uniforme.
Los tonos neutros no desaparecen (y probablemente nunca lo hagan), pero dejan de tener que protagonizar toda la estancia.
En 2026 el color recupera terreno. Tonos tierra, marrones profundos, verdes, terracotas, ocres, rojos terrosos y otras tonalidades envolventes permiten crear ambientes con mayor profundidad y personalidad.
También cambia la manera de utilizarlos. Técnicas como el color drenching, que extiende un mismo tono por diferentes superficies de una estancia, o las composiciones tonales permiten utilizar el color de una forma mucho más arquitectónica.
La clave ya no es conseguir que todo combine discretamente, sino lograr que el espacio tenga algo que contar.
Adiós a los espacios excesivamente minimalistas → Hola, casas que parecen vividas
Menos objetos, menos colores, menos texturas, menos decoración. El minimalismo llevado al extremo nos regaló interiores impecables, pero también provocó que muchas viviendas terminaran pareciéndose demasiado entre sí. Ahora buscamos algo diferente.
Libros, arte, recuerdos de viajes, piezas heredadas, objetos artesanales, fotografías, cerámica o muebles especiales vuelven a ocupar su lugar en casa. No hablamos de llenar por llenar, sino de crear espacios que reflejen a las personas que viven en ellos.
Incluso estancias tradicionalmente funcionales, como la cocina, empiezan a incorporar elementos propios de otras habitaciones: cuadros, lámparas auxiliares, muebles independientes o piezas antiguas. La casa deja de ser un escaparate para volver a ser hogar.
Adiós a las líneas excesivamente rígidas → Hola, curvas y formas orgánicas
Las líneas rectas seguirán formando parte del diseño contemporáneo, pero ya no tienen por qué dominarlo todo.
Sofás curvos, mesas redondeadas, butacas envolventes, cabeceros orgánicos o elementos arquitectónicos con formas más suaves están ganando protagonismo.
Las curvas permiten romper visualmente con estructuras demasiado rígidas y aportar fluidez al espacio. Y no es necesario transformar completamente una vivienda para incorporarlas: una única pieza puede cambiar la percepción de toda una estancia.Eso sí, tampoco se trata de llenar la casa de muebles redondos.
La tendencia evoluciona hacia curvas más intencionadas, utilizadas como contrapunto a elementos rectos y arquitectónicos.
Adiós a los acabados demasiado perfectos → Hola, materiales que se sienten
Durante un tiempo parecía que cuanto más lisa, uniforme e impecable fuera una superficie, más contemporánea resultaba. Ahora queremos tocar.
Piedras con vetas marcadas, madera, fibras, cerámica artesanal, tejidos con cuerpo, vidrio trabajado y acabados mates o ligeramente irregulares introducen una dimensión mucho más sensorial en los proyectos. La imperfección deja de ser necesariamente un defecto.
Un material puede mostrar su veta, su textura, las pequeñas variaciones propias de su fabricación o incluso el trabajo de la persona que lo ha creado. Esta búsqueda conecta además con otro movimiento importante del interiorismo en 2026: valorar más las piezas artesanales, los materiales duraderos y los objetos capaces de envejecer bien.
Frente a una decoración pensada para cambiar cada temporada, gana terreno un diseño concebido para permanecer.
Adiós a lo industrial más frío → Hola, al “soft industrial”
¿Significa esto que desaparecen el acero inoxidable, el aluminio o el cromo? Todo lo contrario. Los metales continúan teniendo una presencia importante, pero cambia la forma de utilizarlos. El interiorismo industrial más duro (grandes superficies metálicas, ambientes fríos y líneas muy rígidas) evoluciona hacia una versión bastante más amable.
El denominado soft industrial combina metal con madera, piedra, vidrio, textiles y formas orgánicas. El contraste consigue mantener ese punto contemporáneo sin convertir el espacio en algo frío.
Una mesa metálica junto a una madera cálida, acero inoxidable combinado con piedra natural, una lámpara cromada sobre una superficie artesanal… Los materiales que antes parecían pertenecer a estilos opuestos ahora conviven.
Adiós a iluminar únicamente desde el techo → Hola, iluminación por capas
Una estancia puede estar perfectamente diseñada y perder buena parte de su encanto cuando llega la noche si la iluminación no está bien planteada. La tendencia apunta hacia espacios donde una única fuente de luz deja de resolverlo todo.
Lámparas de mesa, apliques, iluminación indirecta, puntos de luz decorativos y sistemas regulables permiten crear diferentes ambientes dentro de una misma habitación.
La cocina es un buen ejemplo. Además de necesitar una iluminación funcional para cocinar, empieza a concebirse como un espacio donde también queremos estar, conversar o compartir.
Por eso la luz deja de ser únicamente una necesidad técnica para convertirse en una herramienta más del proyecto de interiorismo.